Hoy he perdido peso hasta llegar a los 90,3 Kg.
He perdido, además de la cuenta de los días sin comer patatas fritas, 2,4 Kg. Esto ya es otra cosa. Éste es el ritmo de pérdida que voy buscando.
La estúpida báscula ya no sonreía, la mueca de su boca era de apretar los dientes para mantenerme encima.
No es debido a la realización de ninguna práctica deportiva, puesto que a penas tengo energías para pulsar las teclas del teclado ¿Puede ser la indignación? Acabo de darme cuenta que el enfado puede hacerte perder peso ¡Por eso mi hermano pequeño no engorda!
Hoy tengo comida y cena ¡A ver cómo lo supero!
Hoy tengo dos formas de morir: la primera es por un cólico, la segunda es de un ataque de nervios.
Prefiero la primera. Y que me entierren en un barril de cerveza.
No cabrea que pierda tu equipo de fútbol, ni creerse lo que dice el periódico, ni las broncas con el jefe. Lo que jode de verdad es que te pongan a dieta.
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sábado, 18 de diciembre de 2010
jueves, 16 de diciembre de 2010
Día 4: Las cuentas.
Hoy me he levantado con el ánimo lo suficientemente fuerte como para subirme en la báscula. Después de meditarlo en el trono de meditar, evidentemente y valga la redundancia, lugar donde tengo la insana costumbre de sentarme cada mañana nada más despertar, lo he hecho.
¿Acaso pensabais que nunca lo haría? ¿Que no tendría cojones de pisar el cuadrado de la humillación? Pisotones le habré dado yo y todavía sigue funcionando la jodía.
91,6 Kg.
¡Sus muelas! Estoy perdiendo peso al ritmo de las viejas. Para acelerar el ritmo saldría a correr todas las tardes, pero con las pocas calorías que ingiero cada día, no llego siquiera al trabajo de no ser porque el camino está lleno de bares y el aroma matinal a tostadas me lleva en volandas. Además, el tiempo que debería estar dedicándole a hacer ejercicio lo estoy empleando para escribir en este maldito blog que no lee nadie (salvo 15 personas en Inglaterra y dos croatas ¡Gracias! Vuestra fidelidad me da ánimos).
Es el momento de echar cuentas. Necesito tres días para perder un kilogramo de mi persona. Entonces, si quiero perder 15 kilos, tendré que permanecer en este estado de abstinencia 45 días. Mirando el calendario, la dieta debería finalizar el 26 de enero de 2011 ¡Ja! Me veo yo hasta verano.
Hagamos cuentas reales: supongamos que cada día que me salte este estricto régimen de comidas específicamente diseñado por ingenieros dietéticos de la NASA, es decir, mi madre, recupero 1 kilo de peso, de media (y no voy a entrar a desvariar sobre lo que pasaría cuando finalice la dieta si este supuesto fuera cierto). Esto será debido a que pienso ponerme hasta las manillas, tal y como me estáis animando a hacer mediante los votos recogidos en la encuesta.
Supuesto número 2: no seguiré la dieta de forma estricta los días 18, 19, 24, 25, 29 de diciembre y el 1, 5 y 6 de enero, motivado por las diversas celebraciones relacionadas con las fechas en las que estamos, así como compromisos varios. Por lo que, si aplicamos a estos días el primer supuesto, recuperaré 8 kilos. Lo que retrasará la fecha de finalización de esta estúpida dieta 24 días más.
Supuesto número 3: la pérdida de peso no es una ciencia exacta. Lo que supone que tres días a dieta no me aseguran que logre bajar un kilo de peso. Todo lo contrario, lo más probable es que cuanto más tiempo esté a dieta, más dificultad encontraré para perder peso.
Conclusión: ¡Deberé estar a dieta lo que me queda de vida!
¡Ni harto de vino! Bueno, harto de vino sí. Y si lo acompañamos de una tapa de jamón del bueno estoy a dieta hasta el día que me pongan el pijama de madera…
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