¿Lo ven?
Antes lo anuncio y antes ocurre.
¡Ya empieza el ataque público a las personas con sobrepeso!
Si no se creen lo que digo, lean el último párrafo de este artículo de opinión (pincha encima, ¡torpe!) publicado el pasado 31 de enero por ABC.
Únicamente por pasear un domingo por la calle principal de mi ciudad ¡Y salimos escaldados! ¡La clase alta de mi ciudad ya no quiere ver gordos por su ciudad! Como si dentro de ese estatus social no los hubiera. Pero esos son excepciones, seguro. Si te parece, querrán que salgamos enfundados en un burka. Aunque de esta forma seguro que seremos mucho más llamativos.
¿Qué dirá este hombre si se cruza con un “cani” que marque tres cifras cada vez que se suba sobre una báscula, lleno de tatuajes y de piercings?
Ahora bien, este gordo que padece la dieta y suscribe este blog piensa pasear por donde le plazca y cuando le venga en gana, se moleste quien se moleste. ¡Faltaría más!
¡Ya sólo falta que los generadores de opinión del otro bando empiecen con la misma cantinela!
No cabrea que pierda tu equipo de fútbol, ni creerse lo que dice el periódico, ni las broncas con el jefe. Lo que jode de verdad es que te pongan a dieta.
Mostrando entradas con la etiqueta peso. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 2 de febrero de 2011
miércoles, 26 de enero de 2011
Día 44: Retorno a los 80.
Llevo tiempo sin escribir en mi blog.
Los más ilusos pensarán que he abandonado la dieta, que mi voluntad no era lo suficientemente fuerte para cruzar este desierto o que cometería continuos excesos alimenticios como los que se produjeron -accidentalmente- durante el periodo navideño, lo que produjo aquel estancamiento de mi descenso dimensional.
¡Pues no!
Y no sólo continúo con esta asquerosa dieta, sino que ya he perdido la friolera de 3,8 Kg. Si alguien los encuentra, que se los quede.
¿Tú sabes lo que es subirte a la báscula y que haya un 8 en el lugar que ocupan las decenas? ¿Tú sabes cuánto esfuerzo, trabajo, dedicación y hambre he padecido para llegar a contemplarlo? ¿Para ver este momento? ¿Para regodear mis castigados oídos con halagos del tipo “Estás más delgado”, “Es que estoy a dieta –perdona-”, “Pues se te nota”, “(y a ti la envidia, so gorda)”?
88,9Kg. ¿Acaso no siguen el cerdito de arriba? Ése se actualiza de manera automática y va realizando el seguimiento de mi peso.
¡Qué bonito los 80! ¡Qué grandes recuerdos!
Los más ilusos pensarán que he abandonado la dieta, que mi voluntad no era lo suficientemente fuerte para cruzar este desierto o que cometería continuos excesos alimenticios como los que se produjeron -accidentalmente- durante el periodo navideño, lo que produjo aquel estancamiento de mi descenso dimensional.
¡Pues no!
Y no sólo continúo con esta asquerosa dieta, sino que ya he perdido la friolera de 3,8 Kg. Si alguien los encuentra, que se los quede.
¿Tú sabes lo que es subirte a la báscula y que haya un 8 en el lugar que ocupan las decenas? ¿Tú sabes cuánto esfuerzo, trabajo, dedicación y hambre he padecido para llegar a contemplarlo? ¿Para ver este momento? ¿Para regodear mis castigados oídos con halagos del tipo “Estás más delgado”, “Es que estoy a dieta –perdona-”, “Pues se te nota”, “(y a ti la envidia, so gorda)”?
88,9Kg. ¿Acaso no siguen el cerdito de arriba? Ése se actualiza de manera automática y va realizando el seguimiento de mi peso.
¡Qué bonito los 80! ¡Qué grandes recuerdos!
Yo nací en los ochenta. Disfruten.
lunes, 17 de enero de 2011
Día 35: Recuperando terreno.
Hoy me he levantado con la obligación moral de pesarme e, ignorando la costumbre de desoír lo que mi ética me dice, lo he hecho.
90,3 Kg.
Parece que ya he recuperado el terreno perdido durante los festejos navideños y he vuelto a conectar el ascensor en modo caída libre. ¡No hay quién me pare! Aunque un bollo con mortadela bien que podría hacerlo.
La motivación que me empuja a padecer esta dieta es para estar preparado cuando al gobierno de turno, motivado por la presión de la opinión pública –que no la mía-, le dé por atacar a la comunidad gorda alegando que los problemas de salud de estas personas les cuestan mucho dinero a las arcas del estado, que hay que adaptarse a otros países del entorno europeo con menor número de gordos entre sus ciudadanos o que se debe mirar por la salud de la ciudadanía y se ponga como objetivo erradicar con el sector de la población que tenga un índice de grasa corporal superior a 25. Algo similar a los que han hecho –acertadamente- con los fumadores.
¿Y qué van a hacer? ¿Limitar el número de tapas que puede comer un gordo en un bar? ¿Sólo servirles productos lights (de los que ya hay disponible hasta la cerveza)?
¿Sabéis cuál es mi opinión? ¡Qué les den por culo a los gordos! Total, yo ya estaré canijo.
90,3 Kg.
Parece que ya he recuperado el terreno perdido durante los festejos navideños y he vuelto a conectar el ascensor en modo caída libre. ¡No hay quién me pare! Aunque un bollo con mortadela bien que podría hacerlo.
La motivación que me empuja a padecer esta dieta es para estar preparado cuando al gobierno de turno, motivado por la presión de la opinión pública –que no la mía-, le dé por atacar a la comunidad gorda alegando que los problemas de salud de estas personas les cuestan mucho dinero a las arcas del estado, que hay que adaptarse a otros países del entorno europeo con menor número de gordos entre sus ciudadanos o que se debe mirar por la salud de la ciudadanía y se ponga como objetivo erradicar con el sector de la población que tenga un índice de grasa corporal superior a 25. Algo similar a los que han hecho –acertadamente- con los fumadores.
¿Y qué van a hacer? ¿Limitar el número de tapas que puede comer un gordo en un bar? ¿Sólo servirles productos lights (de los que ya hay disponible hasta la cerveza)?
¿Sabéis cuál es mi opinión? ¡Qué les den por culo a los gordos! Total, yo ya estaré canijo.
miércoles, 12 de enero de 2011
Día 30: Un mes.
91,5 Kg.
¡Sólo he conseguido perder un kilo durante este primer mes de dieta! ¡Un kilo y doscientos insignificantes gramos!
Después de tanto padecimiento, tanto pesarme, tanta desesperación, tanto mirar para otro lado, tanto sufrimiento y tantas cohibiciones. Después de la cantidad de lechuga, zanahoria, coliflores, habichuelas, berenjenas, calabacines, pescaito a la plancha, etc. que he soportado. Después de algunas -sólo algunas- cervecitas, paellas, potajes, jamones, quesos, embutidos, botellas de vino, copas de cava, polvorones y mantecados. Tras un mes en el que sólo me he bebido un único chupito de orujo, ¡va y sólo pierdo un kilo! ¡Sólo uno!
¡Cómo moooooooooooooooooooooola!
A por el segundo, guapetón.
¡Sólo he conseguido perder un kilo durante este primer mes de dieta! ¡Un kilo y doscientos insignificantes gramos!
Después de tanto padecimiento, tanto pesarme, tanta desesperación, tanto mirar para otro lado, tanto sufrimiento y tantas cohibiciones. Después de la cantidad de lechuga, zanahoria, coliflores, habichuelas, berenjenas, calabacines, pescaito a la plancha, etc. que he soportado. Después de algunas -sólo algunas- cervecitas, paellas, potajes, jamones, quesos, embutidos, botellas de vino, copas de cava, polvorones y mantecados. Tras un mes en el que sólo me he bebido un único chupito de orujo, ¡va y sólo pierdo un kilo! ¡Sólo uno!
¡Cómo moooooooooooooooooooooola!
A por el segundo, guapetón.
martes, 4 de enero de 2011
Día 22: Año nuevo, vida nueva.
Esta mañana me he pesado. 91,7 Kg. ¿Qué os parece?
¡Después de tanto sacrificio! Lo único que he perdido han sido las tres semanas que llevo a dieta. Para que vean, no se ha consumido una sola tableta de turrón de chocolate en lo que llevamos de año, cuando lo usual era gastar al menos 20, gracias a mi contribución, por supuesto.
Encima, me intentan consolar con argumentos tales como que han pasado las fiestas navideñas, que son de mucho comer y beber, y de muchos dulces; y que me haga a la idea de que he conseguido no poner peso durante las mismas, al menos.
Señores, cuando estaba gordo tampoco ponía peso. Estaba gordo y ya está. No engordaba y mi peso era estable: simplemente era gordo. Cuando uno sobrepasa el límite de peso establecido para que se le establezca como término al que debe responder, el número que marque la balanza es indiferente, a menos que sea para demostrar la gran dificultad que es hacer dieta para bajar de peso.
¡Que sí, que sí!
Mira, mejor me voy a meter entre pecho y espalda un pedazo de pizza que me va a quitar las penas. Posiblemente mañana tenga remordimiento de conciencia. De hecho, ya los tengo. Tengo tantos que sería capaz de ponerme las mallas y salir a correr a estas horas de la noche. Menos mal que no existen ridículos culotes donde entre nuestro culo, porque si no…
¡Y eso que aún no ha llegado el rosco de reyes!
lunes, 20 de diciembre de 2010
Día 8: Recomienzo.
Por vuestra culpa, por ofrecerme estos apetitosos platos y deliciosos dulces navideños acompañados de embriagadores licores.
Por vuestra culpa he retrocedido un paso en el hambriento camino hacia la delgadez, sinónimo de belleza en los tiempos que corren, aunque yo pasee por ellos, que cansa menos.
Menos mal que está lloviendo, porque siento en mi interior un remordimiento tan grande que sería capaz de andar durante, por lo menos, 20 minutos seguidos sin avituallar en locales de suelo “enserrado” que suelo concurrir.
91,6 Kg. Retrocedo un kilo.
Mis profecías se cumplen, aunque también he vaticinado que me va a tocar el gordo de la lotería de navidad y seguro que me quedo a dos velas, aunque lo del gordo ¡Eso ya me tocó al nacer!
Por vuestro jamón, por vuestras croquetas de espinacas con queso, por vuestro cordero, por vuestro queso, por vuestro paté, por vuestras doradas a la espalda, por vuestras patatas estrelladas con jamón, por vuestro orujo casero, entre otras cosas, he puesto ese kilo.
Están tan ricos que parecen pecado y la condena por ello es engordar.
Espero que en el infierno quepamos todos los gordos.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Día 6, segunda parte: Almuerzo.
No me entretengáis para que escriba, que se me pasan las bandejas llenas de comida.
Además, dicen que es de mala educación hablar con la comida llena.
¡A tomar por culo la dieta!
Además, dicen que es de mala educación hablar con la comida llena.
¡A tomar por culo la dieta!
Día 6: primera prueba.
Hoy he perdido peso hasta llegar a los 90,3 Kg.
He perdido, además de la cuenta de los días sin comer patatas fritas, 2,4 Kg. Esto ya es otra cosa. Éste es el ritmo de pérdida que voy buscando.
La estúpida báscula ya no sonreía, la mueca de su boca era de apretar los dientes para mantenerme encima.
No es debido a la realización de ninguna práctica deportiva, puesto que a penas tengo energías para pulsar las teclas del teclado ¿Puede ser la indignación? Acabo de darme cuenta que el enfado puede hacerte perder peso ¡Por eso mi hermano pequeño no engorda!
Hoy tengo comida y cena ¡A ver cómo lo supero!
Hoy tengo dos formas de morir: la primera es por un cólico, la segunda es de un ataque de nervios.
Prefiero la primera. Y que me entierren en un barril de cerveza.
He perdido, además de la cuenta de los días sin comer patatas fritas, 2,4 Kg. Esto ya es otra cosa. Éste es el ritmo de pérdida que voy buscando.
La estúpida báscula ya no sonreía, la mueca de su boca era de apretar los dientes para mantenerme encima.
No es debido a la realización de ninguna práctica deportiva, puesto que a penas tengo energías para pulsar las teclas del teclado ¿Puede ser la indignación? Acabo de darme cuenta que el enfado puede hacerte perder peso ¡Por eso mi hermano pequeño no engorda!
Hoy tengo comida y cena ¡A ver cómo lo supero!
Hoy tengo dos formas de morir: la primera es por un cólico, la segunda es de un ataque de nervios.
Prefiero la primera. Y que me entierren en un barril de cerveza.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Día 4: Las cuentas.
Hoy me he levantado con el ánimo lo suficientemente fuerte como para subirme en la báscula. Después de meditarlo en el trono de meditar, evidentemente y valga la redundancia, lugar donde tengo la insana costumbre de sentarme cada mañana nada más despertar, lo he hecho.
¿Acaso pensabais que nunca lo haría? ¿Que no tendría cojones de pisar el cuadrado de la humillación? Pisotones le habré dado yo y todavía sigue funcionando la jodía.
91,6 Kg.
¡Sus muelas! Estoy perdiendo peso al ritmo de las viejas. Para acelerar el ritmo saldría a correr todas las tardes, pero con las pocas calorías que ingiero cada día, no llego siquiera al trabajo de no ser porque el camino está lleno de bares y el aroma matinal a tostadas me lleva en volandas. Además, el tiempo que debería estar dedicándole a hacer ejercicio lo estoy empleando para escribir en este maldito blog que no lee nadie (salvo 15 personas en Inglaterra y dos croatas ¡Gracias! Vuestra fidelidad me da ánimos).
Es el momento de echar cuentas. Necesito tres días para perder un kilogramo de mi persona. Entonces, si quiero perder 15 kilos, tendré que permanecer en este estado de abstinencia 45 días. Mirando el calendario, la dieta debería finalizar el 26 de enero de 2011 ¡Ja! Me veo yo hasta verano.
Hagamos cuentas reales: supongamos que cada día que me salte este estricto régimen de comidas específicamente diseñado por ingenieros dietéticos de la NASA, es decir, mi madre, recupero 1 kilo de peso, de media (y no voy a entrar a desvariar sobre lo que pasaría cuando finalice la dieta si este supuesto fuera cierto). Esto será debido a que pienso ponerme hasta las manillas, tal y como me estáis animando a hacer mediante los votos recogidos en la encuesta.
Supuesto número 2: no seguiré la dieta de forma estricta los días 18, 19, 24, 25, 29 de diciembre y el 1, 5 y 6 de enero, motivado por las diversas celebraciones relacionadas con las fechas en las que estamos, así como compromisos varios. Por lo que, si aplicamos a estos días el primer supuesto, recuperaré 8 kilos. Lo que retrasará la fecha de finalización de esta estúpida dieta 24 días más.
Supuesto número 3: la pérdida de peso no es una ciencia exacta. Lo que supone que tres días a dieta no me aseguran que logre bajar un kilo de peso. Todo lo contrario, lo más probable es que cuanto más tiempo esté a dieta, más dificultad encontraré para perder peso.
Conclusión: ¡Deberé estar a dieta lo que me queda de vida!
¡Ni harto de vino! Bueno, harto de vino sí. Y si lo acompañamos de una tapa de jamón del bueno estoy a dieta hasta el día que me pongan el pijama de madera…
martes, 14 de diciembre de 2010
Día 2. Resignación.
Hoy me he tenido que enfrentar a un dilema moral que tenemos los gordos de este planeta que se plantean cometer locuras como las que estoy haciendo: pesarme.
¡Y una mierda!
¿Acaso piensa esa balanza, con su estúpida sonrisa que se burla de mi cada vez que me subo en ella, que me va a desmotivar? Con no subirme tengo bastante.
Además la calle está llena de idiotas que te dicen lo que tienes que hacer para perder peso, que si el desayuno es lo más importante, que si la dieta del albaricoque, que si dos litros de agua… Señora, ¿Acaso crees que soy el embalse de melonares?
Cuando me levanté, estaba resignado. Estoy a dieta/jodido y voy a estarlo mucho tiempo. Me la trae al pairo que estén cerca las comidas navideñas con esos platos elaborados, esas botellas de vino envejecido en barrica, las copitas de champán y orujo para brindar, esos dulces de las monjitas.
¡Y un cuerno! Yo este verano voy a lucir tipito en un chiringuito de playa tomándome un refresco de Cola Light ¡Eso es felicidad, cojones! Voy a vivir como ellos.
Que conste que me he vuelto a enfadar, pero la culpa de ello la tienen los innumerables energúmenos que nos encontramos en la carretera al volante de inservibles máquinas de transporte que hacemos lo que nos viene al pairo para llegar a nuestro destino y luego acusamos con una chillona bocina al que pase por nuestro lado.
¡Lo que la gente tiene que hacer es dejar de conducir y ponerse a comer! La vida será más fácil para todos. O, por lo menos, para mí.
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lunes, 13 de diciembre de 2010
Día 1. El comienzo
Estoy enfadado.
Tengo un diente menos y no he querido desayunar. Anoche, en la cena normal de despedida se cayó una funda provisional que tengo en una muela. La ayuda ideal que necesito para dejar de comer es no poder masticar con normalidad.
Me moriré de hambre por toda la mañana. En momentos así uno desearía que asolara una hambruna para que todos pasen el desierto que me espera para cruzar. Luego pienso que sería demasiado cruel y que sólo deberían padecerla aquellos que me dicen gordo. Luego vuelvo a meditar y, como esas personas coinciden con las que quiero, deseo que lo padezca unicamente el alvarito, que aunque también lo quiero, me haría taco de gracia verlo en esta situación. Ya llegará, ya llegará.
Me he tomado un puto cafelito, eso sí, con azúcar. Me he dado cuenta de ello cuando he escrito esta frase ¡Sus muertos! Estos son los deslices que harán que no piedra peso. Por ello, me estoy tentando de bajar a la pastelería a por un rosita, puesto que tanto sacrificio no merecerá la pena porque estos descuidos provocarán que esta jodida dieta no vaya a dar resultado. ¡Ja! ni dos horas a dieta y ya estoy pensando en abandonar ¡Esto no durará!
92,7Kg. es el punto de partida, que para los 1,60 cm escasos que mido son una barbaridad. Cada gramo que pierda es parte de mí que desaparece ¡Me voy a consumir! Voy a dejar de ser yo. O puede que me concentre en menos cantidad de masa, por lo que cada parte de mí será más yo.
¿La meta? Sobrevivir con poca comida hasta llegar a los 78 kilos. 15 kilos ya está bien. Si lo consigo, además de solicitar una estatua frente al Ayuntamiento de mi ciudad y darme el homenaje gastronómico correspondiente, valoraré si continúo. Dejo atrás una vida llena de descontrol y desorden alimenticio, hipercalórico y alcohólico, por otra que desborde armonía en mis decisiones respecto a mi comida.
Hoy me esperan unas espléndidas espinacas con garbanzos ¡Fantástico! Encima me llevaré una semana cagando verde. Cada vez que me limpie el culo durante esta primera semana de odisea veré el ese color extraño de heces como señal de la victoria de mi córtex prefontal (encargada de las conductas inhibitorias). Aunque la que siento victoriosa es a una sociedad del culto al cuerpo, a la belleza y a la vanidad. Si todos y todas dedicaran a leer un 10% del tiempo que pasan mirándose al espejo, nuestro nivel de vida aumentaría de tal forma que sería una maravilla y no tendría que hacer dieta porque todos me aceptarían como estoy.
He pensado no comenzar a hacer ejercicio hasta que haya perdido un poco de peso, puesto que necesito motivación, ya que como comience con la natación, en vez de bajar de peso voy a ganar musculatura y no voy a ver progreso. De momento seguiré con el ejercicio de gordos. Caminaré una hora diaria.
Pienso escribir una crónica cada vez que pueda para que quede constancia de mi sufrimiento y poder descargar mi frustración en todas aquellas personas que me han animado (¿animado? no, arrojado). Si se estima oportuno, las colgaré en un blog. De hecho, estoy escribiendo este primer post con el contenido del correo electrónico que le mandé esta mañana a mi mujer.
Apuesto 5 pavos a que me duran menos las ganas de mantener este Blog que el ánimo para estar a dieta ¿Alguien la acepta?
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