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martes, 11 de enero de 2011

Día 29: Enfermedad.

Estoy muy enfermo. De hecho, creo que me estoy muriendo.

Mi cuerpo se rebela para que no recomience a padecer la dieta tras el parón navideño. Me dice que no quiere volver a la lechuga y zanahoria hervida, cierra su garganta con placas virales debido a la huelga de mis glóbulos blancos para que vuelva a ingerir grasas, eleva su temperatura hasta tener suficiente calor para hacerme unos filetitos de buey a la frente –vuelta y vuelta-, las articulaciones de mis extremidades inferiores se encuentran magulladas para evitar que realice ejercicio.

¡A ver cómo le explico al médico que lo que yo necesito son lípidos!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Día 8: Recomienzo.


Por vuestra culpa, por ofrecerme estos apetitosos platos y deliciosos dulces navideños acompañados de embriagadores licores.

Por vuestra culpa he retrocedido un paso en el hambriento camino hacia la delgadez, sinónimo de belleza en los tiempos que corren, aunque yo pasee por ellos, que cansa menos.

Menos mal que está lloviendo, porque siento en mi interior un remordimiento tan grande que sería capaz de andar durante, por lo menos, 20 minutos seguidos sin avituallar en locales de suelo “enserrado” que suelo concurrir.

91,6 Kg. Retrocedo un kilo.

Mis profecías se cumplen, aunque también he vaticinado que me va a tocar el gordo de la lotería de navidad y seguro que me quedo a dos velas, aunque lo del gordo ¡Eso ya me tocó al nacer!

Por vuestro jamón, por vuestras croquetas de espinacas con queso, por vuestro cordero, por vuestro queso, por vuestro paté, por vuestras doradas a la espalda, por vuestras patatas estrelladas con jamón, por vuestro orujo casero, entre otras cosas, he puesto ese kilo.

Están tan ricos que parecen pecado y la condena por ello es engordar.

Espero que en el infierno quepamos todos los gordos.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Día 6: primera prueba.

Hoy he perdido peso hasta llegar a los 90,3 Kg.

He perdido, además de la cuenta de los días sin comer patatas fritas, 2,4 Kg. Esto ya es otra cosa. Éste es el ritmo de pérdida que voy buscando.

La estúpida báscula ya no sonreía, la mueca de su boca era de apretar los dientes para mantenerme encima.


No es debido a la realización de ninguna práctica deportiva, puesto que a penas tengo energías para pulsar las teclas del teclado ¿Puede ser la indignación? Acabo de darme cuenta que el enfado puede hacerte perder peso ¡Por eso mi hermano pequeño no engorda!

Hoy tengo comida y cena ¡A ver cómo lo supero!

Hoy tengo dos formas de morir: la primera es por un cólico, la segunda es de un ataque de nervios.

Prefiero la primera. Y que me entierren en un barril de cerveza.