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domingo, 16 de enero de 2011

Día 33: Comida en compañía.

Vamos a ver, ¿qué parte de estoy a dieta no se entiende? Está muy claro, verdad. ES-TOY-A-DIE-TA. Y yo no lo oculto, es más, no únicamente lo anuncio, sino que lo advierto.

¿Y qué implicaciones conlleva estar a dieta? Pues que debo controlar mis impulsos para no ingerir demasiadas calorías en cada toma de comidas.

¿Y cómo se consigue? Pues, sobre todo, reduciendo mi exposición a estímulos alimentos hipercalóricos –los que más nos gustan- para aminorar la tentación de comerlos.

¿Y si se presentan ocasiones de comer con personas que no padecen una dieta? Pues intentaré pedir yo y adaptar el menú a mis necesidades. Total, a todos nos sienta bien comer sano. Si acaso se saca un poco de queso, o alguna conserva, pero poco más.

¿Y se pide vino, cubatas y dulces a los comensales? De ese tipo de alimentos ni se menciona, o tendrán que soportar una verborrea infinita e interminable que impide el disfrute de la ingesta de los mismos y hará que se arrepientan por haberlos solicitado sin mi beneplácito.

¿Ha quedado claro? ¿Sí? ¡PUES DEJAD DE COLGARME CARTELES DE UNA PUTA VEZ POR MI CIUDAD SOLICITÁNDO MÁS CALORÍAS CUANDO SE COME CONMIGO!

Prueba de pancartas colgadas para solicitar más calorías cuando se come conmigo.

lunes, 10 de enero de 2011

Día 28: Reinicio.


Hoy me he levantado enfermo. Creo que tengo un cólico puesto que ayer, viendo que se me acababan las vacaciones, con todas las desinhibiciones que éstas conllevan, incluida la de saltarse una dieta, me comí demasiados mantecados sobrantes de los festejos.

Tuve suerte ya que, al no comer en navidades como lo hubiese hecho con normalidad, quedaban mantecados de sabores distintos a los que usualmente suelen sobrar: limón y coco.

Padezco de fiebre y no puedo comer. Como siempre, mi constitución me da el empuje necesario para recomenzar esta faraónica obra de perder los kilos mediante el padecimiento de una dieta.

Me pesaré al final de la semana para poder darme margen motivacional en cuanto a la perdida de peso.

Para terminar, incluyo una foto de los jumbos que me he zampado durante las fiestas navideñas. Merecen la pena. ¡Y el que no los haya probado que se joda y se ponga a dieta! Verá como se le agudiza el ingenio para saltársela con estilo.

Comiendo así da gusto estar gordo ¿verdad?

viernes, 31 de diciembre de 2010

Día 19: Arrepentimiento.



Yo confieso ante el Gambrinus nuestro señor, y ante vosotros hermanos gordos, que he comido mucho de marisco, cerveza, queso y jamón. Por mi gula, por mi gula, por mi gran gula. Por eso ruego a mi madre que cocina, a los camareros, a los pasteleros y a vosotros, hermanos, que intercedan por mí ante el peso, el gran cabrón.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Día 14: pasada la navidad.

Una vez transcurrido el primer bloque de festejos navideños, de los tres agrupamientos en que se podrían dividir estas fechas: navidad, fin de año y reyes magos; debo decir que no me ha sido nada fácil el poder resistir estoicamente la tentación alimenticia hipercalórica. Es más, diría que, mi instinto de supervivencia me susurraba al oído, o más bien me gritaba: “¡Come, come, que van a volver los tiempos de hambruna!”. Bueno, todo hay que decirlo, no escuché claramente esas palabras, pero sí fue la interpretación que yo hice ¡ea!

Además, ¿no da coraje cuando estamos pasando hambre que recordemos alguna vez que dejamos de comer por algún motivo? En esa circunstancia siempre se piensa algo como: “Si tuviera acceso a la bandeja de pastelitos que me pusieron por delante la noche de nochebuena, iba a compartirla con mi hermano insiguía. ¡Y, como un gilipollas, la rechacé porque ya no podía más! Total, sólo comí 14 dulces.”

Si en ese momento se nos pasa por la cabeza que cuando acaben las fiestas, o durante el paréntesis que hay entre bloques festivos, volverá esta asquerosa dieta, le hacemos hueco a 14 pastelitos más, empujados con mantecados de las monjitas y aderezados con rico licor, y hacemos esfuerzo por no vomitar.

Debo destacar que el entorno en el que he estado no ha sido nada estimulante para mantener mi línea de alimentación a base de hojas de lechugas y zanahorias escalfadas, todo lo contrario, he sido tentado con los más diversos manjares como los muestro en el reportaje gráfico. Viandas que sólo serán posible degustar en ese momento ¿Por qué no se repite esa receta el próximo 18 de julio? Según mis cálculos, será el próximo día que me podré saltar la jodida dieta porque habré perdido 3 kilos.

El arroz con Bogavante y la botella de Vega Sicilia que me ventilé en  Navidad. ¡A ver quién tiene los cojones de decir que está a dieta! En ese caso, la lechuga no se menciona ni en broma.

martes, 21 de diciembre de 2010

Día 9: La muela.

Hoy me han puesto una nueva muela.

Me he gastado más de 250 pavos (uno relleno me comía yo) en enfundar mi molar encarecidamente, es decir, en carey.

¿Sabéis qué? Con esa nueva muela podré comer sin problema turrón del duro, piñonates, rumiar costillas de cordero, abrir botellines de cerveza cuando se pierda el abridor, comprobar que las monedas sean o no de chocolate, abrir las nueces, fabricarme mi propio hielo picado para mi mojito navideño y hartarme de chicharrones secos y regañá.

Pero no. La jodida dieta que estoy padeciendo me impedirá disfrutar de mi nueva muela hasta que no logre gastar la poca fuerza de voluntad que me queda. ¿Y para eso me gasto ese dineral? ¿Acaso una muela tan cara me será necesaria para masticar lechuga raída o engullir puré de verdura naranja?

Debería haber invertido ese dinero en un jamón y un queso.