91,5 Kg.
¡Sólo he conseguido perder un kilo durante este primer mes de dieta! ¡Un kilo y doscientos insignificantes gramos!
Después de tanto padecimiento, tanto pesarme, tanta desesperación, tanto mirar para otro lado, tanto sufrimiento y tantas cohibiciones. Después de la cantidad de lechuga, zanahoria, coliflores, habichuelas, berenjenas, calabacines, pescaito a la plancha, etc. que he soportado. Después de algunas -sólo algunas- cervecitas, paellas, potajes, jamones, quesos, embutidos, botellas de vino, copas de cava, polvorones y mantecados. Tras un mes en el que sólo me he bebido un único chupito de orujo, ¡va y sólo pierdo un kilo! ¡Sólo uno!
¡Cómo moooooooooooooooooooooola!
A por el segundo, guapetón.
No cabrea que pierda tu equipo de fútbol, ni creerse lo que dice el periódico, ni las broncas con el jefe. Lo que jode de verdad es que te pongan a dieta.
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miércoles, 12 de enero de 2011
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Día 10. Lotería de navidad.
Empiezo realizando una réplica a todos aquellos argumentos aportados y realizados sobre lo inapropiado que resultan estas fechas para dar comienzo al padecimiento de una dieta, como la que estoy sufriendo.
Hoy juega mi equipo de fútbol, lo que supone un aumento considerable en mi apetencia de ingerir cervezas, y ayer tuve una cena de cumpleaños, lo que supuso una sobreexposición a unas grandes y suculentas cantidades de comida.
Ocasiones como éstas me asaltan a diario, incluso más que los festejos de celebraciones navideños. Y si no surgen, los busco yo, cojones, que para eso soy un gordo y me encanta buscar excusas para hartarme de comer y beber.
Ya que he sacado el tema de la celebración de ayer, debo puntualizar una cosa, sobre todo para que se entere la persona que se encargó de realizar la comanda de la cena. ¿Tan difícil resulta pronunciar las palabras “pollo a la plancha”? Vamos, repetid todos conmigo: PO-LLO A LA PLAN-CHA. ¡Tan difícil no es! Incluso eres capaz de hacerte entender si modificas algunos fonemas no vocálicos de esta declamación, exceptuando la sustitución del fonema P por el fonema F. En ese caso, posiblemente, el camarero te atacará con intenciones variables dependiendo de la coincidencia, o no, de vuestros géneros.
Luego, durante tan excelente degustación gastronómica, me sentía tan cohibido para saborear dichos alimentos que parecían que me daban miedo, como si me fueran a dar un bocado. Aunque, más bien, era yo quién estaba loco por hincarles el diente a todos. ¡Ea! Pues de coraje, y como símbolo de mi rebeldía, me pedí un refresco de té que no era Light y una copa de tinto.
En otro orden de cosas, otro año más me ha tocado un mojón gigante en la lotería. Y, encima, no he parado de escuchar la de tonterías que dice la gente para consolarse de que no ha cambiado sus mediocres vidas: que si lo importante es la salud, que si no hay que tener esperanzas de futuro en un número de lotería, que si hay que cultivar el trabajo diario. ¡A dieta los ponía a todos para que sepan lo que es una vida atormentada!
Yo no quería que me tocara la lotería, lo que deseaba, y sigo deseando, es poder arrebañar el fondo del plato con un poquito de pan.
Por cierto, todo el mundo juega a este sorteo navideño, cuando es el que tiene el bote de premios más pequeño. Así que, el año que viene me voy a dedicar a jugar en las rifas de barrio, puesto que sortean jamones, chacinas, surtidos ibéricos, etc… ¡En lo que me iba a gastar el gordo si me hubiese tocado!
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jueves, 16 de diciembre de 2010
Día 4: Las cuentas.
Hoy me he levantado con el ánimo lo suficientemente fuerte como para subirme en la báscula. Después de meditarlo en el trono de meditar, evidentemente y valga la redundancia, lugar donde tengo la insana costumbre de sentarme cada mañana nada más despertar, lo he hecho.
¿Acaso pensabais que nunca lo haría? ¿Que no tendría cojones de pisar el cuadrado de la humillación? Pisotones le habré dado yo y todavía sigue funcionando la jodía.
91,6 Kg.
¡Sus muelas! Estoy perdiendo peso al ritmo de las viejas. Para acelerar el ritmo saldría a correr todas las tardes, pero con las pocas calorías que ingiero cada día, no llego siquiera al trabajo de no ser porque el camino está lleno de bares y el aroma matinal a tostadas me lleva en volandas. Además, el tiempo que debería estar dedicándole a hacer ejercicio lo estoy empleando para escribir en este maldito blog que no lee nadie (salvo 15 personas en Inglaterra y dos croatas ¡Gracias! Vuestra fidelidad me da ánimos).
Es el momento de echar cuentas. Necesito tres días para perder un kilogramo de mi persona. Entonces, si quiero perder 15 kilos, tendré que permanecer en este estado de abstinencia 45 días. Mirando el calendario, la dieta debería finalizar el 26 de enero de 2011 ¡Ja! Me veo yo hasta verano.
Hagamos cuentas reales: supongamos que cada día que me salte este estricto régimen de comidas específicamente diseñado por ingenieros dietéticos de la NASA, es decir, mi madre, recupero 1 kilo de peso, de media (y no voy a entrar a desvariar sobre lo que pasaría cuando finalice la dieta si este supuesto fuera cierto). Esto será debido a que pienso ponerme hasta las manillas, tal y como me estáis animando a hacer mediante los votos recogidos en la encuesta.
Supuesto número 2: no seguiré la dieta de forma estricta los días 18, 19, 24, 25, 29 de diciembre y el 1, 5 y 6 de enero, motivado por las diversas celebraciones relacionadas con las fechas en las que estamos, así como compromisos varios. Por lo que, si aplicamos a estos días el primer supuesto, recuperaré 8 kilos. Lo que retrasará la fecha de finalización de esta estúpida dieta 24 días más.
Supuesto número 3: la pérdida de peso no es una ciencia exacta. Lo que supone que tres días a dieta no me aseguran que logre bajar un kilo de peso. Todo lo contrario, lo más probable es que cuanto más tiempo esté a dieta, más dificultad encontraré para perder peso.
Conclusión: ¡Deberé estar a dieta lo que me queda de vida!
¡Ni harto de vino! Bueno, harto de vino sí. Y si lo acompañamos de una tapa de jamón del bueno estoy a dieta hasta el día que me pongan el pijama de madera…
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