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lunes, 10 de enero de 2011

Día 28: Reinicio.


Hoy me he levantado enfermo. Creo que tengo un cólico puesto que ayer, viendo que se me acababan las vacaciones, con todas las desinhibiciones que éstas conllevan, incluida la de saltarse una dieta, me comí demasiados mantecados sobrantes de los festejos.

Tuve suerte ya que, al no comer en navidades como lo hubiese hecho con normalidad, quedaban mantecados de sabores distintos a los que usualmente suelen sobrar: limón y coco.

Padezco de fiebre y no puedo comer. Como siempre, mi constitución me da el empuje necesario para recomenzar esta faraónica obra de perder los kilos mediante el padecimiento de una dieta.

Me pesaré al final de la semana para poder darme margen motivacional en cuanto a la perdida de peso.

Para terminar, incluyo una foto de los jumbos que me he zampado durante las fiestas navideñas. Merecen la pena. ¡Y el que no los haya probado que se joda y se ponga a dieta! Verá como se le agudiza el ingenio para saltársela con estilo.

Comiendo así da gusto estar gordo ¿verdad?

martes, 4 de enero de 2011

Día 22: Año nuevo, vida nueva.


Esta mañana me he pesado. 91,7 Kg. ¿Qué os parece?

¡Después de tanto sacrificio! Lo único que he perdido han sido las tres semanas que llevo a dieta. Para que vean, no se ha consumido una sola tableta de turrón de chocolate en lo que llevamos de año, cuando lo usual era gastar al menos 20, gracias a mi contribución, por supuesto.

Encima, me intentan consolar con argumentos tales como que han pasado las fiestas navideñas, que son de mucho comer y beber, y de muchos dulces; y que me haga a la idea de que he conseguido no poner peso durante las mismas, al menos.

Señores, cuando estaba gordo tampoco ponía peso. Estaba gordo y ya está. No engordaba y mi peso era estable: simplemente era gordo. Cuando uno sobrepasa el límite de peso establecido para que se le establezca como término al que debe responder, el número que marque la balanza es indiferente, a menos que sea para demostrar la gran dificultad que es hacer dieta para bajar de peso.

¡Que sí, que sí!

Mira, mejor me voy a meter entre pecho y espalda un pedazo de pizza que me va a quitar las penas. Posiblemente mañana tenga remordimiento de conciencia. De hecho, ya los tengo. Tengo tantos que sería capaz de ponerme las mallas y salir a correr a estas horas de la noche. Menos mal que no existen ridículos culotes donde entre nuestro culo, porque si no…

¡Y eso que aún no ha llegado el rosco de reyes!

domingo, 26 de diciembre de 2010

Día 14: pasada la navidad.

Una vez transcurrido el primer bloque de festejos navideños, de los tres agrupamientos en que se podrían dividir estas fechas: navidad, fin de año y reyes magos; debo decir que no me ha sido nada fácil el poder resistir estoicamente la tentación alimenticia hipercalórica. Es más, diría que, mi instinto de supervivencia me susurraba al oído, o más bien me gritaba: “¡Come, come, que van a volver los tiempos de hambruna!”. Bueno, todo hay que decirlo, no escuché claramente esas palabras, pero sí fue la interpretación que yo hice ¡ea!

Además, ¿no da coraje cuando estamos pasando hambre que recordemos alguna vez que dejamos de comer por algún motivo? En esa circunstancia siempre se piensa algo como: “Si tuviera acceso a la bandeja de pastelitos que me pusieron por delante la noche de nochebuena, iba a compartirla con mi hermano insiguía. ¡Y, como un gilipollas, la rechacé porque ya no podía más! Total, sólo comí 14 dulces.”

Si en ese momento se nos pasa por la cabeza que cuando acaben las fiestas, o durante el paréntesis que hay entre bloques festivos, volverá esta asquerosa dieta, le hacemos hueco a 14 pastelitos más, empujados con mantecados de las monjitas y aderezados con rico licor, y hacemos esfuerzo por no vomitar.

Debo destacar que el entorno en el que he estado no ha sido nada estimulante para mantener mi línea de alimentación a base de hojas de lechugas y zanahorias escalfadas, todo lo contrario, he sido tentado con los más diversos manjares como los muestro en el reportaje gráfico. Viandas que sólo serán posible degustar en ese momento ¿Por qué no se repite esa receta el próximo 18 de julio? Según mis cálculos, será el próximo día que me podré saltar la jodida dieta porque habré perdido 3 kilos.

El arroz con Bogavante y la botella de Vega Sicilia que me ventilé en  Navidad. ¡A ver quién tiene los cojones de decir que está a dieta! En ese caso, la lechuga no se menciona ni en broma.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Día 11. Encuentro de amigos.

Voy a situar al lector.

Una celebración, reunión, cena o almuerzo, en la casa de algún amigo, en un bar o restaurante, con muchas o pocas personas conocidas o no. Es decir, en cualquier contexto donde el personal esté dispuesto a comenzar a comer, yo incluido. Concretando, la típica congregación de amigos que se suelen hacer en estas fechas.

La gente llega, se saluda y nos ponemos al día de los últimos sucesos acaecidos en sus monótonas vidas y, antes de comenzar a debatir temas importantes, como el fútbol o el tamaño de los pechos de la nueva pareja de fulano de tal, se hace una pausa para pedir la bebida al anfitrión.

- “Una cerveza”, dice el primero.

- “Yo otra”.

- “¡Que sean tres!”

Es mi turno. Y no sé cómo pedir algo que no sea cerveza. Debo aligerarme para evitar crear expectación sobre mi decisión así que, intentando no llamar mucho la atención, descubro una voz chillona que sale de mi interior que dice: “¡Para mí un Nestea!”

En ese momento noto que, por la expresión atónita de sus miradas, todos los colegas están viviendo una experiencia similar a la muerte, puesto que, en un instante, les ha pasado por su mente todas aquellas imágenes de borrachera en las que he sido el protagonista. Pero, salvo algún que otro capullo que me anuncia inquisitivamente que mis tendencias sexuales han cambiado de acera, el resto gesticula afirmativamente aceptando la decisión adoptada puesto que no afecta a la cantidad de cerveza que ellos pueden ingerir ese día. Es más, los más ilusos lo aprueban con ilusión puesto que piensan que alguien sobrio les conducirá hacia su casa. ¡Pues como no venga su puñetera madre por ellos, van listos!

Pero siempre hay una que se da cuenta que estás haciendo dieta. Una que generalmente coincide con quién tiene un cuerpo esbelto de forma natural puesto que se destetó de su madre al segundo día porque engordaba. Ese tipo de chicas concuerda con aquellas que van siempre muy arregladas y están pendientes de que no se desmaquillen ni de que una brizna de viento destroce su estrafalario peinado desplazando dos milímetros algún pelo de su flequillo. Una de esas que, para mantener su delgadez, sólo come un poquito de pan a pellizcos ¡Y con cara de asco!

Pero, vamos a ver, “miarma” ¿no ves que el pan es de los alimentos más insípidos que existen a menos que vayan impregnado en alguna jugosa salsa? Si has decidido comer 20 gramos de alimento al día, ¡que sean de entrecot de buey o de bizcocho relleno de crema! Digo yo.

¡Ya me estigmatizó!

Entonces comienza con una larga e interminable lista de maliciosas preguntas sobre cómo lo llevo, qué alimentos como, cuánto he perdido (de momento una amistad, para empezar). Algunos de los colegas empiezan a reírse por dejarme arrastrar por el mundo actual y entrar en la secta del culto al cuerpo que tan de moda está en estos días. Otros me animan a tirar la toalla. Algún carajote se da cuenta que estaba gordo he intenta subir mi autoestima sin darse cuenta que, en ese momento, únicamente Sara Carbonero es capaz de lograrlo.

Es decir, sin comerlo ni beberlo, porque la dieta me lo impedía, decido mandar a todo el mundo al carajo de forma instantánea y empiezo a comer de todo lo que hay en la mesa engullendo de forma descontrolada puesto que, como hemos a pagado a escote, habrá que amortizar el gasto.

A los cinco minutos se acabó la conversación sobre mi dieta y continuamos hablando de fútbol.

La gilipollas no quita esa sonrisa en señal de victoria de su cara. Tendré que quejarme regoldando en su cara de la forma más sonora.

FIN

¿Os ha pasado algo de esto? A mí no, puesto que llevo mi dieta con orgullo y lo único que hago es hablar sobre ello y quejarme de lo mal que me trata la vida ¿lo habían notado?

¡FELICES FIESTAS!

Sección especial: Regalos de Reyes I

Las personas con sobrepeso presentamos un perfil muy similar y muchas son las características que tenemos en común. Una de ellas es la dificultuad que tienen las personas que están en nuestro entorno para hacernos regalos puesto que, al ser personas sedentarias, sólo nos gustan cosas relacionadas con ordenadores, películas o series de televisión, tebeos y frikadas de esas de las que ya tenemos de todo. Aclaración: Nada de regalar ropa ni compelementos, ya que no somos coquetos ni nos gustamos ¿Eh?

Por ello, puesto que se acercan épocas donde la gente se rinde al consumismo, he creado esta sección donde voy a dar ideas para que aquellas personas allegadas dispuestas a darme una sorpresa tenga alguna orientación sobre mis gustos.

Primera pista, un disfraz de Spiderman. Pero no uno cualquiera, sino uno del traje negro, del simbionte, que es más vacilón.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Día 10. Lotería de navidad.


Empiezo realizando una réplica a todos aquellos argumentos aportados y realizados sobre lo inapropiado que resultan estas fechas para dar comienzo al padecimiento de una dieta, como la que estoy sufriendo.

Hoy juega mi equipo de fútbol, lo que supone un aumento considerable en mi apetencia de ingerir cervezas, y ayer tuve una cena de cumpleaños, lo que supuso una sobreexposición a unas grandes y suculentas cantidades de comida.

Ocasiones como éstas me asaltan a diario, incluso más que los festejos de celebraciones navideños. Y si no surgen, los busco yo, cojones, que para eso soy un gordo y me encanta buscar excusas para hartarme de comer y beber.

Ya que he sacado el tema de la celebración de ayer, debo puntualizar una cosa, sobre todo para que se entere la persona que se encargó de realizar la comanda de la cena. ¿Tan difícil resulta pronunciar las palabras “pollo a la plancha”? Vamos, repetid todos conmigo: PO-LLO A LA PLAN-CHA. ¡Tan difícil no es! Incluso eres capaz de hacerte entender si modificas algunos fonemas no vocálicos de esta declamación, exceptuando la sustitución del fonema P por el fonema F. En ese caso, posiblemente, el camarero te atacará con intenciones variables dependiendo de la coincidencia, o no, de vuestros géneros.

Luego, durante tan excelente degustación gastronómica, me sentía tan cohibido para saborear dichos alimentos que parecían que me daban miedo, como si me fueran a dar un bocado. Aunque, más bien, era yo quién estaba loco por hincarles el diente a todos. ¡Ea! Pues de coraje, y como símbolo de mi rebeldía, me pedí un refresco de té que no era Light y una copa de tinto.

En otro orden de cosas, otro año más me ha tocado un mojón gigante en la lotería. Y, encima, no he parado de escuchar la de tonterías que dice la gente para consolarse de que no ha cambiado sus mediocres vidas: que si lo importante es la salud, que si no hay que tener esperanzas de futuro en un número de lotería, que si hay que cultivar el trabajo diario. ¡A dieta los ponía a todos para que sepan lo que es una vida atormentada!

Yo no quería que me tocara la lotería, lo que deseaba, y sigo deseando, es poder arrebañar el fondo del plato con un poquito de pan.

Por cierto, todo el mundo juega a este sorteo navideño, cuando es el que tiene el bote de premios más pequeño. Así que, el año que viene me voy a dedicar a jugar en las rifas de barrio, puesto que sortean jamones, chacinas, surtidos ibéricos, etc… ¡En lo que me iba a gastar el gordo si me hubiese tocado!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Día 8: Recomienzo.


Por vuestra culpa, por ofrecerme estos apetitosos platos y deliciosos dulces navideños acompañados de embriagadores licores.

Por vuestra culpa he retrocedido un paso en el hambriento camino hacia la delgadez, sinónimo de belleza en los tiempos que corren, aunque yo pasee por ellos, que cansa menos.

Menos mal que está lloviendo, porque siento en mi interior un remordimiento tan grande que sería capaz de andar durante, por lo menos, 20 minutos seguidos sin avituallar en locales de suelo “enserrado” que suelo concurrir.

91,6 Kg. Retrocedo un kilo.

Mis profecías se cumplen, aunque también he vaticinado que me va a tocar el gordo de la lotería de navidad y seguro que me quedo a dos velas, aunque lo del gordo ¡Eso ya me tocó al nacer!

Por vuestro jamón, por vuestras croquetas de espinacas con queso, por vuestro cordero, por vuestro queso, por vuestro paté, por vuestras doradas a la espalda, por vuestras patatas estrelladas con jamón, por vuestro orujo casero, entre otras cosas, he puesto ese kilo.

Están tan ricos que parecen pecado y la condena por ello es engordar.

Espero que en el infierno quepamos todos los gordos.