Yo confieso ante el Gambrinus nuestro señor, y ante vosotros hermanos gordos, que he comido mucho de marisco, cerveza, queso y jamón. Por mi gula, por mi gula, por mi gran gula. Por eso ruego a mi madre que cocina, a los camareros, a los pasteleros y a vosotros, hermanos, que intercedan por mí ante el peso, el gran cabrón.
No cabrea que pierda tu equipo de fútbol, ni creerse lo que dice el periódico, ni las broncas con el jefe. Lo que jode de verdad es que te pongan a dieta.
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viernes, 31 de diciembre de 2010
Día 19: Arrepentimiento.
Yo confieso ante el Gambrinus nuestro señor, y ante vosotros hermanos gordos, que he comido mucho de marisco, cerveza, queso y jamón. Por mi gula, por mi gula, por mi gran gula. Por eso ruego a mi madre que cocina, a los camareros, a los pasteleros y a vosotros, hermanos, que intercedan por mí ante el peso, el gran cabrón.
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jueves, 30 de diciembre de 2010
Día 18: Enfadado con el mundo
Los canijos no tienen sentido del humor. Es más, los canijos no tienen sentido. Personas que reprimen sus ganas de comer, bien sea de forma voluntaria o de forma inconsciente o, peor todavía, que ni siquiera las sientan, son personas que no saben disfrutar de la vida momento a momento.
En el argot callejero no se han acuñado expresiones del tipo: “¡Qué flaco más gracioso!”. Sin embargo, enunciados como “¡Qué arte tiene el gordo ese!” o “gordito simpático” (si te dicen esto último, usando el diminutivo, olvídate de tener relaciones sexuales con ella) y similares están en el léxico diario de la población. Es más, si hago mención a la palabra bonachón, todo el mundo la relaciona inmediatamente con una persona con sobrepeso aunque no se haga ninguna mención a ello en su definición. Es más, no parece correcto calificar a una persona delgada con ese adjetivo.
Bueno, pues esto suele ser cierto hasta que pones a dieta a un gordo. Es en ese momento cuando desaparece la habilidad de atracción personal a través del comportamiento, aprendido durante todo el desarrollo vital del gordo en cuestión para conseguir atención del resto del planeta que no sean reprimendas para dejar de comer, y se sustituye por mal genio ¿O no se nota mi enfado?
Sobre todo, si no he logrado perder peso después de tanto sacrificio entre cerveza y cerveza ¡Y eso que no me he pesado todavía!, desde la última vez aquí mencionada, evidentemente.
Últimamente estoy enfadado con todos porque podéis comer lo que os dé la gana y, encima, lo hacéis delante de mí sin ningún tipo de compasión, arrastrándome al lado oscuro. Suelo tener ganar de mandaros a todos a freír espárragos que, luego, nos los podríamos comer juntos dentro de un bollo.
Así que ya no me voy a contener más y lo voy a hacer. Sí, me voy a desahogar de vosotros, que para eso este es un blog anónimo aunque todos mis lectores me conozcan personalmente: ¡´ROS TOS A TOMÁ PORCULO A VÉ SI OS DA UN CÓLICO DE TANTO COMÉ ADELANTE MÍA!
En el argot callejero no se han acuñado expresiones del tipo: “¡Qué flaco más gracioso!”. Sin embargo, enunciados como “¡Qué arte tiene el gordo ese!” o “gordito simpático” (si te dicen esto último, usando el diminutivo, olvídate de tener relaciones sexuales con ella) y similares están en el léxico diario de la población. Es más, si hago mención a la palabra bonachón, todo el mundo la relaciona inmediatamente con una persona con sobrepeso aunque no se haga ninguna mención a ello en su definición. Es más, no parece correcto calificar a una persona delgada con ese adjetivo.
Bueno, pues esto suele ser cierto hasta que pones a dieta a un gordo. Es en ese momento cuando desaparece la habilidad de atracción personal a través del comportamiento, aprendido durante todo el desarrollo vital del gordo en cuestión para conseguir atención del resto del planeta que no sean reprimendas para dejar de comer, y se sustituye por mal genio ¿O no se nota mi enfado?
Sobre todo, si no he logrado perder peso después de tanto sacrificio entre cerveza y cerveza ¡Y eso que no me he pesado todavía!, desde la última vez aquí mencionada, evidentemente.
Últimamente estoy enfadado con todos porque podéis comer lo que os dé la gana y, encima, lo hacéis delante de mí sin ningún tipo de compasión, arrastrándome al lado oscuro. Suelo tener ganar de mandaros a todos a freír espárragos que, luego, nos los podríamos comer juntos dentro de un bollo.
Así que ya no me voy a contener más y lo voy a hacer. Sí, me voy a desahogar de vosotros, que para eso este es un blog anónimo aunque todos mis lectores me conozcan personalmente: ¡´ROS TOS A TOMÁ PORCULO A VÉ SI OS DA UN CÓLICO DE TANTO COMÉ ADELANTE MÍA!
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Día 10. Lotería de navidad.
Empiezo realizando una réplica a todos aquellos argumentos aportados y realizados sobre lo inapropiado que resultan estas fechas para dar comienzo al padecimiento de una dieta, como la que estoy sufriendo.
Hoy juega mi equipo de fútbol, lo que supone un aumento considerable en mi apetencia de ingerir cervezas, y ayer tuve una cena de cumpleaños, lo que supuso una sobreexposición a unas grandes y suculentas cantidades de comida.
Ocasiones como éstas me asaltan a diario, incluso más que los festejos de celebraciones navideños. Y si no surgen, los busco yo, cojones, que para eso soy un gordo y me encanta buscar excusas para hartarme de comer y beber.
Ya que he sacado el tema de la celebración de ayer, debo puntualizar una cosa, sobre todo para que se entere la persona que se encargó de realizar la comanda de la cena. ¿Tan difícil resulta pronunciar las palabras “pollo a la plancha”? Vamos, repetid todos conmigo: PO-LLO A LA PLAN-CHA. ¡Tan difícil no es! Incluso eres capaz de hacerte entender si modificas algunos fonemas no vocálicos de esta declamación, exceptuando la sustitución del fonema P por el fonema F. En ese caso, posiblemente, el camarero te atacará con intenciones variables dependiendo de la coincidencia, o no, de vuestros géneros.
Luego, durante tan excelente degustación gastronómica, me sentía tan cohibido para saborear dichos alimentos que parecían que me daban miedo, como si me fueran a dar un bocado. Aunque, más bien, era yo quién estaba loco por hincarles el diente a todos. ¡Ea! Pues de coraje, y como símbolo de mi rebeldía, me pedí un refresco de té que no era Light y una copa de tinto.
En otro orden de cosas, otro año más me ha tocado un mojón gigante en la lotería. Y, encima, no he parado de escuchar la de tonterías que dice la gente para consolarse de que no ha cambiado sus mediocres vidas: que si lo importante es la salud, que si no hay que tener esperanzas de futuro en un número de lotería, que si hay que cultivar el trabajo diario. ¡A dieta los ponía a todos para que sepan lo que es una vida atormentada!
Yo no quería que me tocara la lotería, lo que deseaba, y sigo deseando, es poder arrebañar el fondo del plato con un poquito de pan.
Por cierto, todo el mundo juega a este sorteo navideño, cuando es el que tiene el bote de premios más pequeño. Así que, el año que viene me voy a dedicar a jugar en las rifas de barrio, puesto que sortean jamones, chacinas, surtidos ibéricos, etc… ¡En lo que me iba a gastar el gordo si me hubiese tocado!
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miércoles, 15 de diciembre de 2010
Día 3: Fútbol.
Hoy tampoco me he pesado. Y no es porque le tenga miedo, es pánico.
La verdad es durante estos dos días de dieta, al acostarme, he tenido una sensación placentera, satisfactoria conmigo mismo. La identificaba con el orgullo que siento al mostrar tanta fuerza de voluntad para estar tres días a dieta resistiendo mi gran ansia por la comida.
¡Craso error! Lo que sentía era hambre.
El diámetro de mi abdomen sigue igual de voluminoso que antes de comenzar la dieta, o incluso más. De hecho, estoy empezando a pensar que se me está hinchando debido a la poca ingesta de comida diaria que estoy realizando ¡Si va a ser peor el remedio que la enfermedad!
Encima, esta noche hay partido de fútbol televisado de mi equipo favorito y no podré acompañar a los jugadores con una cerveza en una mano y tapita de queso en la otra desde el palco situado en el sofá de mi salón ¡Y que nadie tenga la genial idea de indicar la solución de la cerveza sin alcohol y queso fresco! Eso engorda igual. Toda comida que al verla, olerla o comerla no te haga sentir como una vaca engorda ¡Y pensar que antes pesaba más! O eso espero.
Bueno, tendré que idear otra forma de animar a mi equipo favorito que no incluya calorías. ¿Y si pierde? ¿Cómo ahogaré las penas? ¡Cómo no sea a sorbitos de té!
Por cierto, mis deposiciones siguen siendo de color verde.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Día 1. El comienzo
Estoy enfadado.
Tengo un diente menos y no he querido desayunar. Anoche, en la cena normal de despedida se cayó una funda provisional que tengo en una muela. La ayuda ideal que necesito para dejar de comer es no poder masticar con normalidad.
Me moriré de hambre por toda la mañana. En momentos así uno desearía que asolara una hambruna para que todos pasen el desierto que me espera para cruzar. Luego pienso que sería demasiado cruel y que sólo deberían padecerla aquellos que me dicen gordo. Luego vuelvo a meditar y, como esas personas coinciden con las que quiero, deseo que lo padezca unicamente el alvarito, que aunque también lo quiero, me haría taco de gracia verlo en esta situación. Ya llegará, ya llegará.
Me he tomado un puto cafelito, eso sí, con azúcar. Me he dado cuenta de ello cuando he escrito esta frase ¡Sus muertos! Estos son los deslices que harán que no piedra peso. Por ello, me estoy tentando de bajar a la pastelería a por un rosita, puesto que tanto sacrificio no merecerá la pena porque estos descuidos provocarán que esta jodida dieta no vaya a dar resultado. ¡Ja! ni dos horas a dieta y ya estoy pensando en abandonar ¡Esto no durará!
92,7Kg. es el punto de partida, que para los 1,60 cm escasos que mido son una barbaridad. Cada gramo que pierda es parte de mí que desaparece ¡Me voy a consumir! Voy a dejar de ser yo. O puede que me concentre en menos cantidad de masa, por lo que cada parte de mí será más yo.
¿La meta? Sobrevivir con poca comida hasta llegar a los 78 kilos. 15 kilos ya está bien. Si lo consigo, además de solicitar una estatua frente al Ayuntamiento de mi ciudad y darme el homenaje gastronómico correspondiente, valoraré si continúo. Dejo atrás una vida llena de descontrol y desorden alimenticio, hipercalórico y alcohólico, por otra que desborde armonía en mis decisiones respecto a mi comida.
Hoy me esperan unas espléndidas espinacas con garbanzos ¡Fantástico! Encima me llevaré una semana cagando verde. Cada vez que me limpie el culo durante esta primera semana de odisea veré el ese color extraño de heces como señal de la victoria de mi córtex prefontal (encargada de las conductas inhibitorias). Aunque la que siento victoriosa es a una sociedad del culto al cuerpo, a la belleza y a la vanidad. Si todos y todas dedicaran a leer un 10% del tiempo que pasan mirándose al espejo, nuestro nivel de vida aumentaría de tal forma que sería una maravilla y no tendría que hacer dieta porque todos me aceptarían como estoy.
He pensado no comenzar a hacer ejercicio hasta que haya perdido un poco de peso, puesto que necesito motivación, ya que como comience con la natación, en vez de bajar de peso voy a ganar musculatura y no voy a ver progreso. De momento seguiré con el ejercicio de gordos. Caminaré una hora diaria.
Pienso escribir una crónica cada vez que pueda para que quede constancia de mi sufrimiento y poder descargar mi frustración en todas aquellas personas que me han animado (¿animado? no, arrojado). Si se estima oportuno, las colgaré en un blog. De hecho, estoy escribiendo este primer post con el contenido del correo electrónico que le mandé esta mañana a mi mujer.
Apuesto 5 pavos a que me duran menos las ganas de mantener este Blog que el ánimo para estar a dieta ¿Alguien la acepta?
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